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JOSÉ GARCÍA POZAS, MENTOR DE LA FIESTA


        El pasado viernes día dos de febrero vivió Motril una jornada memorable. Gracias al I.B. Julio Rodríguez, al Ministerio de Cultura y a la Caja General de Ahorros pudimos contar entre nosotros con cinco poetas de una más que notoria significación en el panorama de nuestras letras contemporáneas. No es frecuente que algo así se brinde a los ciudadanos desinteresadamente, y sin embargo Motril pudo disfrutar de un espectáculo de tal magnitud, a lo largo de toda la jornada. En efecto los escritores Jesús Munárriz, José Antonio Muñoz Rojas, María Victoria Atencia, Diego Jesús Jiménez y Antonio Carvajal fueron invitados a compartir un día con los estudiantes de los centros de enseñanzas medias y dieron a conocer una muestra de sus obras respectivas a los alumnos de los institutos, durante la mañana. No pudo acudir el segundo de ellos, que fue relevado por el poeta sevillano Rafael Juárez. La idea, absolutamente encomiable, consistía en ofrecer a los alumnos una lectura de poemas realizada por los propios autores. Alguno pensará que es habitual el que se programen estos actos, pero la verdad es que cuesta mucho esfuerzo hacer coincidir a tantos creadores en un mismo lugar, sin otro propósito que dar noticia del último momento de sus respectivas trayectorias líricas. En resumen: un privilegio del que pudieron beneficiarse los distintos centros que recibieron a los autores hacia el final de la jornada lectiva. Éstos pudieron conectar con las nuevas generaciones y contestar las preguntas y curiosidades de los alumnos, a quienes difícilmente se les olvidará el hecho de haber compartido con poetas de carne y hueso la obra viva que sus labios aireaban durante las lecturas. No ya nombres en la página de un libro de texto, sino personas defendiendo una estética determinada y pronunciando con emoción los propios versos. Los salones de actos se llenaron de jóvenes curiosos, la mayoría de los cuales asistían por vez primera a un evento de tales características. Y además: un evento poético, a pesar de que la poesía vive horas bajas en las preferencias de los estudiantes.

DE IZDA A DERECHA: RAFAEL JUÁREZ, DIEGO JESÚS JIMÉNEZ, JOSÉ GARCÍA POZAS, MARÍA VICTORIA ATENCIA, JOSÉ LUPIÁÑEZ, ANTONIO CARVAJAL Y JESÚS MUNÁRRIZ
        Por la tarde los mismos escritores ofrecieron una lectura conjunta en el Centro Cultural de La General, tras la que el músico Guillermo González, Catedrático de Piano del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, interpretó fragmentos de la Suite Iberia de Albéniz. En esta ocasión el acto se abría a todos los motrileños, que no estuvieron a la altura de cuanto se les regalaba y dejaron pasar la valiosa lección del pianista y de los poetas. En fin, una pena. Tanto esfuerzo, tanta ilusión, tanta belleza para que sólo un puñado de asistentes disfrutaran en exclusiva de primicias tales. No faltó la difusión, ni falló la infraestructura, ni se escatimaron medios para hacer llegar a los interesados las noticias de un acto de tal magnitud. Pero la respuesta fue decepcionante y dio la medida y el grado de interés de los intelectuales y de los aficionados que por aquí pregonan sus preferencias. Qué ingratitud.


JESÚS MUNÁRRIZ

        Jesús Munárriz acudió al I.B. Julio Rodríguez; María Victoria Atencia leyó sus versos en el Javier de Burgos; Rafael Juárez, en el puesto de José Antonio Muñoz Rojas, lo hizo en el Martín Recuerda; Diego Jesús Jiménez en la Extensión de este centro y Antonio Carvajal en el I.E.S. La Zafra. Este reparto sí dio su fruto en cuanto al número de asistentes. No faltaron anécdotas, como la experiencia que vivió Rafael Juárez tras la lectura, que fue rematada con disparos de un francotirador armado con escopeta de aire comprimido. El loco hirió a varios alumnos y hubo de avisarse a la policía. Pero al margen de este incidente, los poetas estaban satisfechos del grado de atención y del seguimiento que nuestros jóvenes hicieron de las lecturas. Pude hablar con ellos y los noté felices tras el encuentro. Lo peor fue por la tarde: apenas unas treinta personas en la sala. Qué decepción, qué imagen de pueblo dando la espalda al conocimiento, a la cultura, a la música, de sus propios creadores. ¿Cuándo volveremos a ver, como yo observé desde Las Tinajas, a tantos poetas pasear, tras el acto íntimo, por la Avenida de Salobreña, sin que la ciudad se percatara? Y, no obstante, hay que insistir, hoy más que nunca hay que insistir, como decía Cortázar: "Más que nunca la poesía, porque en ella anida el futuro. Hoy más que nunca su exorcismo de chacales, su llamarada purificadora, su memoria obstinándose". Sin presentación previa, fueron leyendo sucesivamente sus versos los invitados. En primer lugar lo hizo Munárriz, con buena voz. Se notaba su pasado de actor de los tiempos universitarios, porque sabía modularla y hacer muy cálida la transmisión de sus versos. Me gustó con diferencia el primer poema que leyó, inédito, del que no recuerdo el título. Munárriz es uno de los editores más conocidos del país. Al frente de las Ediciones Hiperión, ha desarrollado una labor editora y traductora de primer orden. Es autor de siete obras poéticas, en las que predomina un realismo cotidiano y un tono de


RAFAEL JUÁREZ

confesión intimista del que salta, a veces, hacia lo filosófico. Además ha traducido numerosas obras de autores como Hölderlin, Arp, Celàn, Rilke, Wilde, Aragón, Bonnefoy, Schwob, entre otros, que han dejado en sus versos cierto aire de cosmopolitismo, en contraste con su preferencia y curiosa decantación por lo urbano, lo objetivo, lo concreto. Son sus libros algo así como el teatro de una realidad sin sorpresas, en el que se oficia el rito de la vida, el moroso discurrir de los días... Rafael Juárez, leyó a continuación tan sólo tres poemas, uno por cada libro publicado hasta hoy. No era tan ducho en el recitado de la propia obra como su antecesor y apenas apuntó con sus versos un mundo algo geométrico, sencillo, en el que había estanques y frutas y paisajes. Juárez, el más joven de los poetas, coincide con Munárriz en su faceta publicista y editora. Me alegró mucho darle un abrazo. Con él compartí el año último de carrera y coincidí en la revista Letras del Sur. Cuántas veces hablamos de libros y de nombres en su Al-Andalus y cuántas otras me ha demostrado su cordialidad, su equilibrio, su agudeza y atentísimo trato.


DIEGO JESÚS JIMÉNEZ

        A Diego Jesús Jiménez lo conocí, en persona, aquella misma tarde. Ya lo había leído y había seguido con devoción su trayectoria mucho antes, pero estreché su mano de poeta cabal aquella tarde, por vez primera. Le pregunté por su silencio de tantos años y me dijo que su trabajo en Mundo Obrero lo había apartado de la creación. Me confesó que había salido algo cansado de la experiencia y que no recomendaba a nadie tanto mutismo. Diego Jesús Jiménez leyó un poema largo absolutamente inolvidable y magistral. Pintó con sensibilidad la atmósfera de la que había surgido remontándose, como es frecuente en su poética, a los recuerdos de la infancia en Cuenca. Nos llevó hasta aquella cómoda de la tía Rosa, que era un altar disparatado y lleno de objetos maravillosos. Olía a café, de un tostadero próximo. Había un colegio de monjas. Y un fondo de nubes de verano, puesto que así llamó al poema: Oficio de Verano. Un único poema que nos dejó perturbados por su potentísima dicción, su honda nostalgia, sus perfiles misteriosos del mundo, su extraordinaria belleza plástica.¡Qué viaje a la edad de los sentidos, al tiempo de los signos intactos y los descubrimientos dolorosos!¡Qué poeta mayor, catorce años mudo!


MARÍA VICTORIA ATENCIA

        Para todos los componentes de mi generación María Victoria Atencia ha sido y sigue siendo una gran dama de la poesía española, y referente de elegancia, de exquisitez, de serenidad y de arte pleno. A María Victoria la saludé, por la mañana, con el afecto y la admiración que ya le constan. Vino con su marido el gentilísimo poeta y editor Rafael León. La pareja es toda una institución en Málaga, y sólo he oído de ellos bondades y grandezas. Yo tuve el honor de tratarlos y de acudir a su casa malagueña cuando vivía en la capital vecina. Qué alegría tenerlos de nuevo aquí. Rafael asombrado por las variedades de nuestra flora, que iba nombrando con acierto, y María Victoria encantada con el chisporroteo de los jóvenes que llenaron el Salón de Actos del Javier de Burgos. Allí me cupo el placer de presentarla a los estudiantes, que siguieron con atención sus poemas. Esa poesía suya evocativa, intimista, elegíaca, intuitiva, meditativa, inteligente, que nos transmite en composiciones breves, en las que se condensa su palabra y se agolpan las luces y las sombras de lo efímero, de lo cotidiano, del paisaje próximo, del mar a lo lejos. También se allegan los recuerdos, la historia, el arte, las ciudades, los objetos. Así María Victoria practica su exploración sensible de lo externo y concentra finalmente en una imagen o en una sorpresa el cierre de sus textos. Más de una veintena de títulos, traducidos a los más varios idiomas, avalan su nombre y su prestigio... Por la tarde leyó tan solo tres poemas. Uno de su Marta y María y creo que otro de ellos de El mundo de M. V. Y lo hizo con ese temblor y esa calidez que la caracterizan, con esa música que ella sabe añadirle a las palabras y ese tono de confidencia emocionante.


ANTONIO CARVAJAL

        Cerró el acto poético el granadino Antonio Carvajal con tres muestras de su obra reciente. Una glosa a un verso de Góngora, dedicada a Rafael León y otros dos textos de lujosa factura. Como siempre Antonio Carvajal con esa sonrisa bruja y ese don de cautivar con la palabra, dejó constancia de su arte y de su conocimiento métrico. Poeta mayor, profesor de la Universidad de Granada, y Premio de la Crítica (1991), Antonio Carvajal es autor de más de una decena de títulos, trayectoria que inició en 1968, ¡aquel año!, con Tigres en el jardín. Debe estar algo contrariado con Motril, porque en las tres últimas lecturas que ha realizado aquí, ha visto la sala poco concurrida. Pero no por ello perdió la compostura ni el buen humor. Lo veo lleno de energía creadora y lo siento muy próximo y muy vivo. Cuántos años desde Casi una fantasía, y cuántos ratos compartidos con Narzeo Antino y Carlos Villarreal en aquella Granada de la transición.
        Tras la poesía llegó la música. El propio Antonio Carvajal presentó al profesor Guillermo González como uno de los tres pianistas capaces de interpretar la Iberia de Albéniz, completa. El maestro Guillermo González está en posesión de premios en certámenes internacionales y ha dado recitales y conciertos por todo el mundo y tocado con orquestas y directores de enorme prestigio (como la de Estrasburgo, Dresde, Liverpool, Escocesa de Cámara, etc.). Consagrado como uno de los máximos especialistas en música española, su repertorio incluye integrales de Albéniz, Falla, y Ernesto Halffter, así como estrenos de numerosos autores españoles contemporáneos (Castillo, Coria, Cruz de Castro, García Abril, Oliver, etc.). Elogiado por las crítica en sus interpretaciones de los clásicos, ha realizado numerosas grabaciones discográficas, entre las que sobresalen por su importancia las dedicadas a las


FRAGMENTO DEL PROGRAMA

obras de Halffter y Scriabin. En suma, toda una personalidad de la Música contemporánea española que, al parecer, interesó poco a cuantos la estudian en nuestra ciudad, puesto que brillaron por su ausencia.
        Guillermo González interpretó los dos primeros cuadernos de la Suite Iberia, de forma turbadora y apasionada. Fuimos pasando, de su mano, tras el proemio inicial, por los paisajes de El Puerto (quizá el Puerto de Santa María) y el Corpus sevillano (en donde se engasta la popular Tarara), para seguir después por Ronda y Almería y acabar en Triana. ¡Qué conmoción, qué columpiarse del espíritu gracias a la versatilidad de los dedos sobre las teclas! Inolvidable noche para unos pocos, que disfrutamos como lo hacían los nobles de antaño en sus palacios. Inolvidable noche de primicias, de imágenes y de notas encendidas que aún resuenan en la memoria y en el corazón. Motril, mientras tanto, era como una de aquellas vírgenes dormidas que no supo que venía el esposo...


JOSÉ LUPIÁÑEZ
Semanario EL FARO
Motril, 13 febrero 1996


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