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LUIS ALBERTO DEL CASTILLO


     Como muestra de lo que es una amplia obra inédita aparece este primer libro de versos del poeta gaditano Luis Alberto del Castillo, que ha nombrado Octaviana de Gades en Baelo Claudia. Ya desde el título se percibe esa atmósfera histórica que lo nutre intencionadamente y que evoca los tiempos de Trajano y Adriano en los que vivió y amó Octaviana, la joven patricia gaditana de la notable familia de los Balbos. En sus labios, pues, se ponen estos versos que consiguen en muchos casos hacernos rememorar ese pálpito de los antiguos epigramas.
     De algún modo el autor utiliza el recurso del manuscrito encontrado, ya que el libro no es ajeno a cierto entramado narrativo sobre el que se superpone su invención. En él son dos las voces que asumen el discurso: una voz narradora que lo enmarca y la que pronuncia las veinticinco composiciones que se presumen escritas por la propia Octaviana, quien desde Baelo Claudia, la bellísima ciudad romana de nuestro Sur, recuerda, transida de nostalgia, al amante ausente con el que cruza un encendido intercambio de epístolas. A esa estructura temática de la mujer conmovida por la distancia del ser amado que hace imposible la dicha se acogen estos textos, que nos devuelven vivísimos los ecos de la cultura del Mediterráneo en un verdadero homenaje a la latinidad:

¡tus besos, oh, tus besos!
¡Cómo escalo el Olimpo
y desciendo al Hades!
Qué dulce languidez el recuerdo de tu boca.
Qué lenta destrucción este tiempo sin tus labios.
¡Tus besos, oh, tus besos!
     (Pág. 1)

     El poemario es, por consiguiente, un conjunto de epigramas amorosos en el que se dan cita los recuerdos de la pasión, el verano, el mar... Un intensa

sensorialidad y un manifiesto erotismo que nos hacen pensar en algunas páginas memorables de Pierre Louys, jalonan la añoranza de Octaviana, a quien finalmente le llegan noticias de la muerte de su amante en las lejanas tierras de Egipto. Versos inflamados, ardientes, que nombran a las divinidades y que se escriben para contrarrestar la angustia de la ausencia. Versos febriles de una mujer insomne que desgrana, sacudida por el deseo, las memorias de una pasión que se aleja, que se desdibuja, para sumirla en el desconsuelo de una vida sin causa: «¡Tu risa, tu risa! / ¿Será mi condena no oírla jamás?» (Pág. 16).
     Luis Alberto del Castillo es un poeta que presta especial atención al lenguaje. Su estilo trata de emular el tono de la dicción clásica, con construcciones en las que son frecuentes las aposiciones o que tienden a la colocación del verbo al final de las proposiciones y periodos oracionales, hecho éste último que a veces perturba un punto alguna que otra muestra, como ocurre por ejemplo en el poema IV. No obstante, hay que decir que nos encontramos ante un autor de notable sensibilidad que nos ofrece un conjunto en el que prevalece la armonía y se impone la verdad de esta dama ensoñada que compone su canto con versos como brasas, en los que se alternan los perfiles idealizados del amante, los deseos secretos de la mujer que añora, las invocaciones y las maldiciones a las deidades; el amor y la muerte, en suma, silueteando los trágicos contornos del recuerdo de esta joven de Gades que pretendió salvar su atrevida pasión del gran bostezo de la nada.

JOSÉ LUPIÁÑEZ
Diario MÁLAGA-COSTA DEL SOL
Suplemento PAPEL LITERARIO
Málaga, 2 septiembre 1994


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