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En estos tiempos de zozobra alivia el consuelo de la poesía sentida. De tarde en tarde nos llegan versos emotivos y hermosos, escritos por hombres o mujeres de nuestro entorno. No resuenan sus nombres en las páginas de los grandes rotativos, ni vemos sus rostros en las pantallas, ni sabemos de sus intimidades por ninguna portada de revista, pero ahí sigue, por otras sendas, esa corriente de verdad y de esplendor creativo, esa voz amplia y oculta, latiendo en el hondón de la ingente provincia. Vivimos el espejismo de las grandes urbes y olvidamos el tiempo de los pueblos, de las aldeas perdidas; vivimos el efímero engaño de las capitales, que se inmolan permanentemente en el ritual del consumo y perdemos de vista la inquietante realidad de las tierras de adentro, la rotunda lección de cuantos permanecen más atentos a los ciclos de la naturaleza, más en contacto con la tierra y la lluvia, junto al mar o en las cumbres. Por ello cuando uno tiene en sus manos un libro que recrea, con sabiduría, estos mundos, siente con fuerza esa otra razón que asiste a cuantos han renunciado al efímero estrellato de las pasarelas.
He leído con sumo interés Perfil de silencio (1), de Encarna Lara, un libro que bien pudiera ser ejemplo de cuanto afirmo. Nada sé de la autora, apenas unos pocos datos: su dedicación a la enseñanza y el haber publicado en algunas revistas y textos colectivos. Ahora vive en la provincia de Málaga, en su pueblo natal de Cuevas de San Marcos, desde donde nos ofrece éste su primer poemario. Sin embargo, todas esas referencias pasan a ocupar un segundo lugar cuando, gracias a su discurso, puede uno acercarse a la más íntima realidad de su ser. Esa es quizás la apreciación primera que surge tras la lectura de su libro: el delicado intimismo, el tono mantenido de confidencia y de sensible captación de las cosas. Ese intimismo viene a través del recuerdo, de la memoria. Todo el libro (dieciséis poemas en total) gira en torno al tiempo de la infancia perdida, que se recupera mediante la palabra, una palabra transida de nostalgia. El tiempo es, pues, otro de sus ejes esenciales; el pasado que a veces se proyecta en un presente en el que se echan de menos los brillos, la libertad, la intensidad de otros días.
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JOSÉ LUPIÁÑEZ
Semanario EL FARO
Motril, 7 mayo 1996
(1) Encarna Lara, Perfil de silencio, Poesía Corona del Sur, Málaga, 1996