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EMMANUÈLE BERNHEIM

       Emmanuèle Bernheim (1955) pertenece a la última promoción de novelistas francesas y acaba de darse a conocer en España con Su mujer, el tercero de sus títulos publicados hasta el presente. La amplia resonancia de esta novela corta le ha abierto las puertas de los mercados literarios europeos. Más de cien mil ejemplares vendidos y el Premio Médicis han contribuido a que los derechos de traducción fueran adquiridos por diez países; uno de ellos el nuestro, a través de la firma Seix Barral. Aquí nos son desconocidas sus novelas anteriores Le cran d’arrêt (1985) y Un couple (1988), así que Sa femme (Gallimard, 1993) es su carta de presentación entre los lectores de habla española. Experta en lenguas orientales, ha trabajado como documentalista para la prestigiosa revista Cahiers du Cinéma y ha escrito guiones para cine y televisión. Esta experiencia ha marcado, sin lugar a dudas, su estilo literario, absolutamente ceñido y directo, elaborado a base de frases muy cortas y precisas, con las que se consigue hacer del lenguaje un elemento sustitutivo de la cámara en su recorrido. Es la suya una apuesta por la esencialidad de la narración, que se desmarca de concepciones ambiciosas desde un punto de vista estilístico y que elige las situaciones cotidianas y el rescate de los pequeños detalles de la vida diaria a los que confiere un poder casi hipnótico en el marco de su relato. Su historia se levanta gracias a un número reducidísimo de elementos que, combinados entre sí, traídos y llevados a lo largo de las breves secuencias, acaban por perfilar no sólo una trama de extraordinaria sencillez, sino toda una atmósfera en la que pesa tanto lo que se apunta cuanto lo que se silencia o se sugiere. Un bolso perdido, una consulta médica, un café, un apartamento, ciertos terrones de azúcar, el clásico triángulo amoroso (aunque con variante ingeniosa), he ahí algunos de los

componentes nada sorpresivos que vertebran su historia, aparentemente trivial, pero que con gran eficacia se orienta hacia una pretensión mayor: tratar de desvelar la interioridad afectiva de un alma femenina y, por extensión, poner al descubierto el descontrol, la ambigüedad de las consignas secretas que pueden regir en la relación entre hombre y mujer.
       Bernheim nos refiere una historia que circula por dos planos complementarios. Por un lado se construye un marco objetivo que parte de la realidad cotidiana. Esa realidad es observada con mirada imparcial y se apunta con trazos rápidos y esquemáticos. Es el espacio de la gestualidad, de los movimientos mecánicos, de la rutina. Por otra parte, existe una realidad interior, que es el mundo mental y emotivo de la Doctora Claire, joven madura de curiosas fijaciones eróticas. Las sospechas y presunciones le sirven para elucubrar la imagen sólida de una rival que no existe: la ficticia esposa del contratista de obras Thomas Novac, con el que repentina-mente ha iniciado una relación amorosa que desplaza el ya agotado romance anterior con el sumiso Michel. Esta nueva relación pone al descubierto el carácter fetichista de Claire frente al aparente comportamiento anodino de Kovac, en el que terminará por apoyarse la autora para darle un giro sorprendente al relato. Ese fetichismo que hace a la doctora guardar celosamente los recuerdos de los sucesivos encuentros con su amante juega un papel esencial en la novela como elemento conformador del espíritu cambiante e inseguro de Claire, esta heroína urbana que retiene celosamente en un cajón de su escritorio hasta los envoltorios dorados de los profilácticos que su amante dejaba tras cada uno de sus encuentros.
       Personajes, pues, extraídos de la rutina: una médico, un contratista de obras que repara una casa cercana al domicilio de Claire y que, no obstante, acabarán desvelando un comportamiento imprevisto que latía en la intimidad de sus existencias sometidas. Gran parte del valor de este relato reside en la salida ingeniosa que resuelve esta historia cohesionando oportunamente todos los motivos que la integran.
       Su mujer es sin duda un relato singular, en el que llama la atención el uso de un esquematismo expresivo que roza el límite de la exigencia como soporte de una trama que será resuelta con auténtica destreza. Por lo demás se apuntan aquí cuestiones como el descrédito de la fidelidad, la inadaptación a la realidad contante y sonante, la fugacidad de la ilusión, que acaba por ser la estampa más persistente tras la lectura. Esa estampa que fija en nuestra memoria a la joven doctora recontando los pequeños trofeos de su aventura erótica, que son pétalos, terrones de azúcar, avisos grabados en el contestador, bolsitas de preservativos... las pequeñas ruinas de un amor que al cumplirse va fatalmente descomponiéndose desdibujándose en los entresijos de su alma variable.

JOSÉ LUPIÁÑEZ
Diario CÓRDOBA
Suplemento CUADERNOS DEL SUR, nº 362
Córdoba 1 septiembre 1994




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