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Las ciudades que nos tocan el alma nos acompañan siempre. Primero las recorremos, las vivimos, las entrañamos y luego ellas se apoderan de nosotros y pasan a formar parte de nuestras vidas y de nuestra memoria. Todo viaje linda con lo inesperado y lo misterioso y, a través del viaje, se alcanzan las verdades más hondas, mientras caminamos hacia nosotros mismos.
Ese viaje sensitivo es el que nos propone la pintora Silvia Abarca con el anticipo de esta muestra de sus acuarelas que hoy nos ofrece; una ruta vivida: de Occidente a Oriente, desde Londres a Estambul, a través de una serie de paisajes
que prendieron en ella y que nos devuelve ahora tamizados por su sensibilidad y su lirismo. Porque la artista no sólo es fiel a lo real de los enclaves elegidos, sino que añade a ellos esa manera suya de mirarlos, de transformarlos con la luz de sus gamas, de apresarlos con sus trazos dolientes que vuelven musicales las sombras e infunden un hálito nuevo a sus nubes viajeras o a sus aguas melancólicas.
La verdad y la belleza impulsan sus visiones y acentúan su manera distinta de sentir el mundo y de celebrarlo. Suavidad, música, equilibrio, pureza hacen inolvidables sus geometrías soñadas, sus torres o sus puentes, sus cielos o sus mares. Si Londres tuvo días de plata, puentes soleados o jardines secretos, Estambul se nos aparece con su bruma de siglos, frente a la aguas quietas del Mar de Mármara, a las que se asoman sus mezquitas o sus palacios. Y junto a esos paisajes encendidos de su itinerario, otros rincones que acompañan: castillos o marinas en la hora azul que llama al infinito y nos convoca a estados
más contemplativos.
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JOSÉ LUPIÁÑEZ
Tríptico de la Exposición
Obra Sociocultural, Caja de Ahorros de Granada
y Escuela Oficial de Idiomas
Motril, marzo 2003