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        El pasado cinco de agosto se inauguró una Exposición internacional de Arte erótico en la Galería Lecrín, del Puerto Deportivo Marina del Este, en La Herradura. La muestra, que permanecerá abierta a lo largo de todo el mes, recoge obra de más de cuarenta autores de diferentes países, aunque con predominio de los artistas españoles. El interés en este caso viene marcado por dos hechos principales: por un lado, el de la diversidad de estilos y lenguajes expresivos de los creadores que han participado en esta antología y, por otro, por la multiplicidad -y en muchos casos originalidad manifiesta-de las lecturas que sobre un tema tan estimulante como recurrente en el arte de todos los tiempos, ofrecen estos trabajos que ha reunido en su propia sala el artista y galerista Manuel Lecrín.

Noche de Venus

        En la hermosa noche de agosto, frente al mar, y en un lugar tan íntimo de nuestra costa, con los barcos meciéndose en el puerto y el regalo de esa brisa cómplice y lasciva que disipa cualquier pesadumbre, el arte nuevamente reclamándonos y esta vez no sólo al espíritu, sino también al cuerpo, a los cuerpos, que son -todos lo sabemos-templos en los que oficia Venus su ritual indescifrable. Y a su cita acudimos… Lienzos, tablas, óleos, dibujos, esculturas, grabados: todos los géneros representados y desde cada uno de ellos propuestas llamativas y divergentes. El conjunto, aparte de brindar una alta calidad media, constituye por sus valores y novedosas variantes un auténtico recreo para la vista y un estímulo para el ingenio y la inteligencia que no deja de lado otras vertientes lúdicas y de participación a través del happening o la performance.

Nómina de artistas

        Es cierto, por otra parte, que el tema del erotismo bajo el que se adscriben las distintas piezas expuestas no se interpreta con la misma intensidad ni con la misma significación en todos los autores que concurren a la muestra. Quiero decir que hay cuadros o dibujos que sólo se limitan al desnudo estilizado mientras que otros plantean soluciones más agresivas y provocadoras. Así por ejemplo de los magistrales dibujos de Cárdenas (con elementos incorporados que rozan cierto fetichismo) hasta las propuestas más violentas de Gerardo Brause (con lienzos en los que los rostros se conforman a base de otras figuras camufladas, que dan pie a la situación más propiamente erótica) pasando por esculturas como la titulada La naturaleza viva, de Alfred Artes (que reproduce un enorme pene en un tronco de grandes proporciones) o por los iconos pop-art de Antonio de Felipe, los contenidos eróticos van desde un tratamiento más tangencial hasta otros que se recrean en aspectos de la genitalidad, a veces con ciertos toques de lirismo.
        De cualquier modo la lista de artistas que se reúnen con motivo de esta exposición puede dar idea de la diversidad de estilos y de mundos convocados. Presentes en la sala con una o varias obras figuran: Manuel Arana, Vicente Aunión, Enrique Arredondo, Maureen Booth, Federica Brause, Cárdenas, José Reyes Camacho, Luis Casablanca, Marian Civila, Lynn Duncombe, Antonio de Felipe, Mary Esman, Francisca García, Inmaculada Jimeno, Manuel Lecrín, Chico Montilla, Manuel Puerta Molina, Graham Palfrey-Rogers, John Railton, Armando Salas, Rosa Toro, Ubado, Roman Zaslonov, Gerardo Brause, Alfred Artes, Joan Barrantes, Antonio Durá, Manuel Gallardo, Eugenia Herrero, Nicca Höeg, Jaime Pastor, Héctor Peiró, Nieves Sanmartín, Isidre Savater, Daniel Fernández, Pilar Palop, Javier Hidalgo, Augusto Moreno, Antonio Arabesco, George Tampini, Luis Andevínez, aparte de otros autores que irán sumándose a lo largo del mes.
        Los precios más altos de las obras expuestas rozan las quinientas mil pesetas, sin superarlas, lo que, tal y como está el mercado y a juzgar por la calidad y seriedad de las mismas, que antes comentaba, parece un límite más que razonable.

Arte directo

        En la noche de la inauguración, que estaba previsto amenizar con bebidas afrodisíacas, el interés se centró por un lado en la performance de Manuel Arana, que ofrecía al público un trabajo espectacular en el que tras de un marco negro, sin tela, que descansaba sobre elementos geométricos de colores básicos, se mostraba la modelo desnuda, apenas cubierta por gasas negras con una pintura-maquillaje en el rostro y un peinado de fantasía. Sugerente propuesta: la mujer desnuda, el lienzo vivo, el cuerpo para el amor o para el deseo… Cuando la modelo se ausentaba, una cartel explicaba el vacío con el mensaje: "Vuelvo en cinco minutos". Se trataba de utilizar el cuerpo para llevar a la práctica la fórmula del arte directo, pintando el artista sobre la piel, sobre la carne palpitante. El efecto y los resultados fueron verdaderamente estimulantes, no en vano la sala se llenó de curiosos y de espectadores. Hubiera sido interesante registrar los auténticos sentimientos que despertaba la performance en la sensibilidad de quienes seguían las poses y las actitudes cambiantes de la mujer sobre el fondo del espejo, que añadía nuevos planos y escorzos. Al marcharse la dama se sugería incluso ese erotismo de la ausencia, que no lo es del todo por cuanto quedan prendas íntimas colgadas del marco, como elementos o rastros que sutilmente invitan al deseo o a la fantasía erótica. No recuerdo quién afirmaba que "el arte es ausencia", pues justo en esa línea también Manuel Arana defendía así, con su trabajo, un concepto tan turbador.
        El espejo del fondo cumplía además otra función complementaria del conjunto y es que permitía incluir a los espectadores en el todo de la obra, también como participes del acto creador. Este hecho confería su doble valor a los que espían, a los que miran el objeto erótico y además se integran plenamente en él, formando parte de la sugestión global que nos propone el artista. En cierto modo la acción planteada por Manuel Arana podría situarse en la tradición del body art, un tanto en la trayectoria de las actividades llevadas a cabo por Gilbert and George, que tenían como eje central el posar durante horas al modo de las esculturas vivientes.
        Otra propuesta que me interesó especialmente la ofrecía la artista motrileña Francisca García, quien aparte de aportar un lienzo de grandes proporciones que mostraba una Eva entre chagalliana o modiglianesca y una escultura en poliéster de un torso masculino, realizada con notable expresividad, presentaba un proyecto que podría inscribirse en el llamado arte conceptual o arte de la idea, pero que también, dentro de las últimas tendencias experimentales, estaría próximo al arte de acción.


PROPUESTA ARTÍSTICA DE FRANCISCA GARCÍA

        El proyecto, sin duda incitador e imaginativo, consiste en realizar moldes en escayola de penes erectos. Se trata de conseguir el negativo y de colocar todas las piezas resultantes un una suerte de botellero que cubra la paredes de una sala. La artista disponía de los elementos necesarios y a puerta cerrada fue realizando varios de esos moldes en la misma noche de la apertura, para lo que contó con la colaboración de algunos de los asistentes que se prestaron al curioso ritual. Ni que decir tiene que la acción y la explicación del trabajo, así como su puesta en práctica, generó opiniones y comentarios para todos los gustos, pero lo que no puede negarse es que dejara indiferentes a cuantos tuvieron conocimiento de lo que se gestaba en la cámara habilitada al efecto para la puesta en marcha del mismo.
        En palabras de la propia artista sus objetivos esenciales pretenden: "crear confusión, cambio de valores, disposición seriada, pérdida de identidad, etc." En la nota explicativa que anunciaba su propuesta aclaraba: "representar un pene en hueco o una vagina de pene es la confusión necesaria para darle esa igualdad real e imprescindible para todo individuo". Muchos otros aspectos comporta un trabajo de estas características, aparte de los que nos transmite sucintamente su autora: la despersonalización, la equiparación de los sexos, la confusión identificadota, el sentido lúdico, la participación colectiva en la materialización del resultado final, etc., que rompen los límites repetitivos en que encerramos o concebimos habitualmente el mundo de la creación plástica… Esa ampliación de horizontes, esa provocación, esa casi teatralidad de la manipulación descubre facetas infrecuentes que no pasaron desapercibidas para quienes tomaron parte en la performance, ni para aquellos otros que comentaron su sentido o dudaban de su trascendencia. Además una acción como ésta permite innumerables variantes que pueden enriquecerla en función de la búsqueda de otra espectacularidad que ponga al descubierto todo el proceso, lo que dependerá, a su vez, de la valentía y el grado de libertad de cuantos lo conformen con mayor o menor desinhibición.

Esculturas

        En el capítulo de la escultura y al margen de las comentadas de Alfred Artes o de Francisca García, destacan otras piezas como la móvil en piedra y hierro del valenciano Joan Barrantes, que invita a la intervención del espectador, y que lleva por titulo Pene-Tración, o como el torso en bronce, creo que de Miguel Moreno o el montaje de Luis Casablanca, consistente en manos que sostenían globos con formas de genitales masculinos, que sobre el suelo, creaban un laberinto multicolor de refrescantes e ingrávidas connotaciones.
        De igual modo eran muchas las pieza en pequeño formato entre las que quiero recordar alguna de Pérez Villalta o las de Manolo Puerta, líricas y contenidas. Muchos trabajos, en fin, imposibles de reseñar con la exhaustividad necesaria que analizan o proponen tentativas diversas sobre lo erótico. Piezas, ya digo, a medio camino entre un género y otro, como las esculto-pinturas gestuales del propio Arana, las tablas de Andevínez o el triángulo mágico de Palfrey-Rogers, con ecos de la cultura mediterránea y exvotos simbólicos que recuerdan los cultos priápicos.
        Una muestra, en suma, que hemos de agradecer a la sensibilidad de Manuel Lecrín, quien participa discretamente en la misma sin pretender acaparar protagonismo, y a la de sus colaboradores. Eros para las noches tropicales del sur. Eros visto y sentido por artistas de países y mentalidades distantes: la violencia de Eros, pero también su candor, su lujuria o sus dolientes insinuaciones. Un breve universo en el que detenerse: colores, formas, vértigos que siguen sucediéndose para permitirnos la entrada en otras dimensiones por las que discurrir y para las que sólo la plástica guarda la clave verdadera.


JOSÉ LUPIÁÑEZ
Semanario EL FARO,
Motril, 26 agosto 1995



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